20140730

¡Hagamos un monorriel!


Cómo aguantamos los costarricenses el estado de embotellamiento en el sistema de transporte vial, es una gran interrogante que me he planteado estas últimas dos semanas desde que regresé al país.


Recorrer en carro cinco kilómetros en 45 minutos es la misma velocidad que si caminara. Viajar en bus en hora pico es terrible. El humo de los buses penetra por las ventanas abiertas o por rendijas, y si llueve la situación empeora dramáticamente por el vaho que despedimos los pasajeros con las ventanas cerradas.

¿Qué estamos esperando? ¿Que los problemas los resuelva el gobierno? ¿Cuánto tiempo más podemos o queremos esperar? Prefiero actuar. Por eso comparto esta idea de solución de transporte público que podría transformar nuestra ciudad capital en tres años. En apenas tres años.

Imagínese un monorriel que viaje a unos 6-8 metros sobre la carretera, apoyado en pilares de apoyo centrales que ocupen menos de un metro cuadrado cada uno a lo largo del trayecto. Sería un trencito de dos vagones, con aire acondicionado, cómodos asientos y buena conexión a internet, además de ventanas panorámicas para disfrutar el paisaje montañoso y volcánico del Valle Central, algo que agradeceríamos tanto los locales como los turistas que nos visitan.

El monorriel pasaría cada tres minutos y viajaría a una velocidad que garantice hacer el recorrido deseado más rápido que en carro a cualquier hora del día. Iniciaría a las 4:30 am y haría un último recorrido a medianoche, como en muchas ciudades desarrolladas del mundo.

Las primeras dos líneas recorrerían desde Ochomogo hasta Ciudad Colón con paradas cada kilómetro y medio (habría que caminar unos 800 metros como máximo para llegar a la estación más próxima a lo largo de la línea). La segunda línea saldría del aeropuerto Juan Santamaría y viajaría por Santa Bárbara de Heredia, Heredia centro, San Pablo, Santo Domingo, Tibás, Uruca, La Sabana (donde se cruzaría con la primera línea) y se enfilaría hacia los barrios del sur: San Sebastián, Desamparados, Aserrí.

Esto desahogaría las calles, en especial en hora pico, pues sería el medio de transporte más eficiente, cómodo y seguro de la ciudad. Además, el más barato (y gratuito para estudiantes de escuela y colegio, para ciudadanos de oro, accesible para personas con alguna discapacidad, etc.)

También, permitiría transformar en vías peatonales unas 60 a 80 cuadras del casco central de San José y promover innovaciones sociales como el préstamo de bicicletas, comercio de artesanías y otras ventas callejeras ordenadas y salubres, actividades artísticas y culturales, ferias agrícolas permanentes, y llevar más dinámica social, comercial y residencial al centro histórico de la ciudad.

Por si fuera poco, aumentaría de inmediato la competitividad del país ante otros países vecinos con quienes competimos a diario en atracción de inversión extranjera directa. Trabajar y operar desde San José sería más atractivo que en cualquier otra ciudad de América Latina.

Durante mi gestión diplomática en Japón, fui testigo del creciente interés de las autoridades japonesas por el eventual ingreso de Costa Rica a la Alianza del Pacífico. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria contrató a una empresa consultora de renombre global para realizar estudios de oportunidad para la inversión pública en los países miembros de dicho grupo, incluyendo Costa Rica.

Antes de su primera visita a Costa Rica, hablé con los consultores y les pedí prestarle especial atención a dos sectores: transporte público en la Gran Área Metropolitana, e internet inalámbrico de banda ancha para telefonía celular de punta. Al regresar a Japón, sus estudios confirmaron la necesidad que existía en San José de un transporte público urbano moderno, eficiente, de excelente calidad, así como de un mejoramiento en la infraestructura de telecomunicaciones para el usuario.

Antes de su segunda visita a Costa Rica, les conversé acerca de la posibilidad de invertir en el monorriel que describí arriba. Un proyecto de este tipo costaría unos US$2000 millones (o menos de cuatro veces lo que iba a costar la ampliación de la carretera a San Ramón que, al final, ni se hizo). Lo amortizaríamos en unos cuantos años con solo ahorrarnos buena parte de la factura petrolera que gasta el país cada año para comprar crudo del exterior. ¡Ni qué decir de lo que se limpiaría el aire de la ciudad!

La situación actual del gobierno japonés y su política económica denominada Abenomics ha abierto múltiples canales de inversión en el extranjero para promover sus industrias y tecnologías. El estrecho acercamiento que Japón ha buscado con la Alianza del Pacífico significa una oportunidad histórica para Costa Rica en sus relaciones con nuestro más viejo amigo y socio en Asia.

Darle seguimiento a esta iniciativa no depende del gobierno. ¡Depende de los costarricenses! Compartamos esta visión. Si una masa crítica de nosotros estuviéramos convencidos de que esto es útil, necesario, realizable, y que le agregaría valor a todos los habitantes de la ciudad, entonces el gobierno no tendría más remedio que escucharnos, que emprender en esa dirección, que crear el valor que el propio pueblo está indicándole.

Iniciemos esta conversación. Será un placer para mí facilitarla.

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